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Desde el mismo momento en que comenzamos a organizar la boda tenemos que precisar cómo queremos que sea la recepción. En la mayoría de los casos, el presupuesto con el que contamos es lo que determina nuestra decisión final.
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Lo acostumbrado es que los novios y sus padres reciban a los invitados en la entrada del lugar. Esta línea de recibo es una vieja costumbre de cuando se hacía necesario presentar el resto de las dos familias y los amigos.
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Las normas de cortesía dictan que se puede agradecer por un presente recibido ya sea personalmente o con una simple llamada. Sin embargo, se ha establecido la costumbre de que enviemos una tarjeta de agradecimiento a todos los que nos hicieron un regalo.
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Es una opción muy favorable. Compartiendo los gastos es posible que nadie tenga que dejar en cero sus ahorros ni endeudarse con el uso excesivo de tarjetas de crédito o préstamos.