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La idea de una mesa alargada donde todos se sientan alrededor de ella sólo es factible en una recepción muy familiar e íntima. Lo más generalizado es que en el salón se ubiquen mesas individuales, redondas o cuadradas, para seis, ocho o diez personas.
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Antes de que nos involucremos en la planificación de la luna de miel, debemos conversar juntos sobre lo que realmente queremos hacer para esos días después de la boda. Tenemos que valorar las preferencias de los dos y entonces debemos ponernos de acuerdo.
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Si nuestra boda no es en la ciudad porque la realizaremos al aire libre, en el campo o en la playa, entonces nuestro vestido debe estar acorde con el ambiente escogido. El ramo, los adornos del cabello, los zapatos, todo debe ser apropiado para el lugar.
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El anillo que recibimos las novias como símbolo de nuestro compromiso, puede ser de diferentes materiales, estilos y piedras. Si queremos ser más innovadoras, podemos escoger un solitario en el que se luzca una piedra diferente al tradicional brillante.