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La recepción es una fiesta que comienza cuando hacemos nuestra entrada al lugar con nuestro esposo. Hoy en día, el antiguo levantar de copas ha ido dando paso a un simple, pero muy emotivo agradecimiento de parte de los recién casados a todos los presentes.
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La idea de una mesa alargada donde todos se sientan alrededor de ella sólo es factible en una recepción muy familiar e íntima. Lo más generalizado es que en el salón se ubiquen mesas individuales, redondas o cuadradas, para seis, ocho o diez personas.
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Muchos hombres hoy en día no sólo usan jabón, champú y crema de afeitar; también buscan los limpiadores faciales, los exfoliantes y las lociones con bloqueadores solares. Ellos solicitan un buen corte de cabello, un afeitado y hasta un arreglo de manos y pies.
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Como la iglesia no admite divorcio, si estamos realizando una segunda boda es porque a alguno de los contrayentes se le otorgó la Nulidad del Matrimonio anterior o es viudo o viuda. La ceremonia en estos casos es exactamente la misma.